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Imagen de Bocono por los años cincuenta del siglo XX         Por generalidad, casi siempre o siempre, los individuos sienten un apego muy profundo por sus espacios, independientemente de que sean espacios individuales o colectivos, y es así, que el lugar donde se vive, donde se nace, con el cual se tiene conexión profunda, va a ser reconocido como parte de sí mismo, de sus raíces, savia y esencia; de tal manera, así las personas sienten y muestran entonces una relación indisoluble con lugares, algunos naturales, encrespados de campos y montañas, u otros rebosados por doquier de calles, plazas, esquinas y casas, asumiendo su naturaleza de Homo Geograficus u Homo Societae, pero interdependiente en su relación gregaria filial a un estado y sentido de pertenencia hacia su referente.         En tal razón, cada quien abrigará sentimientos de sensibilidad, gustos y emociones por ese pedazo o lote de tierra al cual siente pertenecer, y de ahí vendrán también los regionalismos, unos más mar

Casco central Bocones a la sombra de las ordenanzas

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    POR   HÉCTOR RAFAEL BRICEÑO     26/08/2020   en   Actualidad   4 min read Boconó una población cuyos ancestros tradicionales de construcción pese a los avances que se habían observado de manera vertiginosa, siempre eran respetados especialmente cuando se refieren a la construcción urbana, lo cual está regulado por la Ordenanza de Arquitectura Urbanismo y Construcción en General y la Ordenanza del Casco Central, esta última con el objeto de garantizar mantenimiento y así conservar algunas de las viejas construcciones como fue el caso de la Casona donde residía la familia Clavo y de estos mismos, donde ahora funciona El Museo Trapiche de Los Clavo, cuyas reparaciones no dañaron la centenaria construcción. El caso es que desde un tiempo para acá, se viene observando por un lado que no se hacen cumplir las ordenanzas en detrimento de las viejas construcciones, igualmente se están otorgando permisos a troche y moche y lo que es peor, ante la falta de mantenimiento y hasta descuido total

Los dias de la creciente

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I El Puente      Corría el mes de junio de 1981, cuando el viejo puente cedió ante la fuerza de ese generalmente tranquilo río. Recuerdo que papá una vez me comentó, que él había trabajado como herrero en la armazón de su estructura de hierro, y la cruz central que lo adornaba en la dirección de la salida del pueblo, la hizo él.      Llovía torrencialmente desde la noche anterior, y estaba yo en el liceo Dalla Costa a las ocho de la mañana, en la clase de Física del profesor Domingo, con el salón medio inundado por el agua que entraba por las rejillas de las ventanas, cuando nos alertó Clementina, la anciana bedel de siempre, que había una crecida del rio y que por lo tanto, la Directora, por protección suspendía las actividades para que nos fuéramos de inmediato a nuestras casas; por supuesto, la curiosidad pudo más que la razón, y en cambote, todos los varones nos fuimos a averiguar lo no visto anteriormente, ya que la ultima creciente, y que arrasó también con otro puente,

BOCONÓ RICA TIERRA EN ANCHO VALLE DE SABANA LIMPIA

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Por Lourdes Dubuc de Isea Desde tiempos no determinados hasta 1548 la comarca de Boconó estuvo habitada por la Nación Cuica en sus diferentes etnias indígenas: tirandaes, boconoes, mosqueyes, tostoses. Gente de trabajo que a través de prácticas colectivistas sobrevivió por varias centurias y dejó huellas perdurables de su cultura: toponimia, artesanías, etnobotánica, religiosidad. Entre sus más conspicuos representantes debe señalarse al  Cacique Boconó  a quien menciona el cronista Juan de Castellanos cuando refiere el apoyo brindado a los escuqueyes por las distintas parcialidades indígenas y al  Cacique Paraca , quien opuso resistencia, junto con sus parciales, a los conquistadores, hasta ser definitivamente vencido. En 1548, inducida por Juan de Villegas, desde El Tocuyo parte una expedición a  “la rica tierra que nombran Boconó” comandada por el Maestre de Campo Contador  Capitán Diego Ruiz de Vallejo  (1548) con el encargo de certificar si era cierta la información de que

Sueños tras una pelota

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       Un sueño cumplido             En los primeros meses de 1985, el estudio universitario formaba parte de mis prioridades. Cursaba entonces el segundo semestre de Educación en la Universidad de Los Andes. Era Mérida, para la época, una hermosa ciudad de población estudiantil, que atraía a gran cantidad de jóvenes provenientes de diversas partes de Venezuela y del mundo… Me gustaba ese ambiente universitario. Recuerdo que practicaba el futbol en la cancha del Estadio “Lourdes”. Lo hacía regularmente los jueves, viernes y sábados por las tardes. Jugué muchas “partidas” o “caimaneras” como denominamos los boconeses a esos improvisados juegos, quetambien son “recochas” para tachirenses o colombianos. En esas tardes, el Lourdes se llenaba de futbolistas, merideños y foráneos, unos mejores que otros, e incluso era común conseguirse con jugadores profesionales activos que pertenecían a los oncenas de la ciudad que formaban parte de la Primera División nacional: Estudiantes de Mé